Hay un grabado de Goya que cabe en una cuartilla. Mide veintiún centímetros por quince. Y lleva más de doscientos años quitándonos el sueño.
Se llama «El sueño de la razón produce monstruos» y es el Capricho 43. Seguro que lo has visto en un libro de texto, en una camiseta o en la portada de algún ensayo sesudo. Lo que quizá no sabes es que Goya, sin pretenderlo, dibujó algo que la ciencia ha medido hace muy poco: el momento más creativo del día llega en el duermevela, ese ratito en el que todavía oyes, pero ya no controlas. De eso va el primer episodio de la nueva etapa de METAdamas. De crear. De rezar a tu manera. Del ego, que es el que hace ruido, y de lo que aparece cuando se calla. Aquí te lo cuento por escrito, con los datos, las fuentes y alguna cosa que no cupo en el audio. Y si prefieres escucharlo, lo tienes aquí, en la página del episodio en Acast.Qué es «El sueño de la razón produce monstruos»
Es un aguafuerte con aguatinta que Goya grabó entre 1797 y 1799. Forma parte de Los Caprichos, una serie de ochenta estampas en las que se ríe, con muy mala leche, de la España de su tiempo: la superstición, la vanidad, los matrimonios por interés, los abusos de los poderosos. De las ochenta, esta, la 45, es la más famosa. Con diferencia.Lo que se ve en el grabado
Una mesa de trabajo con papeles y lápices. Sobre ella, un hombre dormido, con la cabeza hundida entre los brazos. Es el propio Goya, o alguien que se le parece mucho. Detrás, la oscuridad se llena de bichos. Búhos que abren las alas. Murciélagos que salen de la sombra como si alguien hubiera abierto una ventana de golpe. Uno de los búhos parece acercarle un lápiz a la mano, como diciéndole: venga, sigue tú. Abajo, a la derecha, hay un lince tumbado. Tiene los ojos muy abiertos y te mira a ti. En el lateral de la mesa está escrita la frase que da título a la obra. Fíjate en el detalle: no está en un cartel, ni en el cielo. Está en el mueble donde se trabaja.El dibujo que iba a ser la portada
En el Museo del Prado se conserva el dibujo que Goya hizo antes de grabar esta lámina. Lo tituló Sueño primero y lo pensaba como portada de toda la serie. Debajo escribió a lápiz, con la ortografía de entonces:«Ydioma universal. Dibujado y grabado por Francisco de Goya. Año 1797».En otra línea escribió «El autor soñando». Y añadió que su intención era quitarnos de encima tonterías que nos hacen daño y dejar, con esta obra de caprichos, «el testimonio sólido de la verdad». Idioma universal. Algo que entiende cualquiera, en cualquier época. Tú también. Al final no lo puso de portada. Lo colocó en el número 43, en mitad de la serie. A mí me gusta pensar que lo escondió ahí a propósito: llegas hasta la mitad y entonces lo entiendes todo.
Goya en 1797: crear desde la herida
Para entender este grabado, hay que saber cómo estaba Goya cuando lo hizo. Y no estaba bien.Sordo, con cincuenta años y sin poder pintar
A finales de 1792 cae enfermo. Muy enfermo. Pasa meses en cama y, cuando se levanta, se ha quedado sordo para siempre. En marzo de 1794, el director de la Real Fábrica de Tapices daba por hecho que Goya ya no podía pintar. El pintor de moda. El de la corte. Y de repente, silencio. ¿Qué hace? Se encierra a dibujar. Pero ya no dibuja lo que le encargan. Dibuja lo que ve. Le salen ochenta láminas. Las saca a la venta en 1799, con cincuenta y tres años. A mí esto me conmueve mucho. La obra que más le ha sobrevivido nace del peor momento de su vida. Crear, a veces, es lo que haces para no hundirte.La Inquisición y «El juicio», la novela de Luis Zueco
Los Caprichos se ríen de la superstición, de los frailes, de los nobles. En 1799 eso era jugársela. Goya los retiró de la venta muy pronto, con miedo a la Inquisición, y años más tarde regaló las planchas al rey. Ahora mismo estoy leyendo una novela que cuenta justo esta historia: El juicio. La Inquisición contra Goya, de Luis Zueco (Ediciones B, 2026). Zueco es de Borja, aquí al lado de Zaragoza, y parte de algo real: un expediente de la Inquisición contra Goya que se conserva incompleto. Lo investigaron por los Caprichos y por la polémica de la Maja desnuda. Con eso monta un thriller judicial en el Madrid de 1799. Aparece Josefa, la mujer de Goya. Aparece Moratín, su gran amigo. Y Jovellanos, encerrado en el castillo de Bellver por pensar por su cuenta. El libro trae además algunas estampas de los Caprichos impresas, que es una delicia. Lo que me quedo de la novela para este post es la pregunta que hay debajo: cuánto cuesta crear con libertad. A Goya le costó un juicio.Qué significa «El sueño de la razón produce monstruos»
La lectura de colegio es esta: cuando la razón se duerme, aparecen los monstruos de la superstición y la ignorancia. Goya era un ilustrado, amigo de Jovellanos y de Moratín, y creía en la luz de la razón contra el oscurantismo. Es verdad. Pero se queda corta. En el Museo del Prado se conserva un manuscrito de la época que explica cada lámina. Del Capricho 43 dice esto:«La fantasía abandonada de la razón produce monstruos imposibles: unida con ella es madre de las artes y origen de las maravillas».Madre de las artes. Esa es la parte que casi nadie cita.
Fantasía y razón: hacen falta las dos
Goya defiende soñar, pero con alguien al volante. La imaginación sola se te come; la razón sola no crea nada. Juntas hacen maravillas. Por eso me gusta tanto el lince del grabado. Mientras el hombre duerme y los bichos vuelan, el lince vigila con los ojos abiertos. Yo creo que el lince eres tú: la parte de ti que deja venir las ideas y luego coge el lápiz y trabaja. Doscientos años después, la ciencia le ha dado la razón de una forma que a Goya le habría hecho mucha gracia.La ciencia del duermevela: por qué las mejores ideas llegan justo antes de dormirte
Se cuenta que Thomas Edison echaba siestas sentado con unas bolas de metal en la mano. Cuando se dormía, las bolas caían al suelo, el ruido le despertaba y apuntaba lo que se le había pasado por la cabeza. A Dalí se le atribuye un truco parecido. Durante más de un siglo fue una anécdota de sobremesa. Hasta que alguien la midió.El truco de Edison, comprobado en París
En el Instituto del Cerebro de París, un equipo dirigido por las investigadoras Delphine Oudiette y Célia Lacaux montó una especie de juego. Reunieron a 103 personas y les pusieron unas cuentas con truco. Había un atajo escondido: si lo descubrías, las resolvías casi al instante. Nadie te lo decía. Después las dejaron descansar al estilo Edison, con un objeto en la mano que se les caía al quedarse dormidas. Las que pasaron al menos quince segundos en la primera fase del sueño, ese duermevela en el que todavía oyes, pero ya no piensas del todo, encontraron el atajo el 83 % de las veces. Las que se quedaron despiertas, el 30 %. Casi el triple. Lo mejor viene ahora. Las que se durmieron del todo y llegaron al sueño profundo perdieron la ventaja. Se les fue. El estudio se publicó en diciembre de 2021 en la revista Science Advances. Un poco de sueño de la razón, y salen ideas. Demasiado, y te quedas con los monstruos. Goya en estado puro.Meditar abriendo la atención
Hay otro estudio, pequeño pero muy sugerente, de la Universidad de Leiden, en Holanda, publicado en 2012. Compararon dos maneras de meditar. Una, concentrándote en una sola cosa, por ejemplo, la respiración. La otra, abriendo la atención: dejas que pase todo, pensamientos, ruidos, sensaciones, y lo miras sin agarrarlo. Después de meditar de la segunda manera, a la gente se le ocurrían más ideas nuevas. Es un estudio con poca gente, así que tómalo como una pista y no como una ley. Pero cuadra con lo de París: las ideas llegan cuando aflojas, no cuando aprietas. Traducido a tu vida: si estás atascada con algo, deja de mirarlo fijamente un rato. Túmbate diez minutos. Sal a andar sin auriculares. Y ten a mano dónde apuntar.Obrera de Dios: crear como forma de rezar
Cuando algo me sale bien de verdad, tengo la sensación de que no ha salido del todo de mí. Que yo he puesto las manos y las horas, y algo más ha puesto el resto. Por eso digo que me siento obrera de Dios. No soy la primera.Puccini y la ópera que le dictaron
En 1904, Puccini estrena Madama Butterfly en la Scala de Milán y es un fracaso sonado. Él la retoca y acaba convertida en una de las óperas más representadas del mundo. Años después, según contó el periodista Arthur Abell en un libro de 1955, Puccini le dijo que esa música se la había dictado Dios y que él solo la pasaba al papel. Abell lo publicó treinta años después de morir Puccini, así que tómatelo con una ceja levantada. Pero la idea es preciosa: el artista como obrero del Todopoderoso.Santa Teresa y los pucheros
Me gusta la palabra obrera porque tiene delantal. Habla de alguien que se levanta y trabaja. Santa Teresa de Jesús lo dejó escrito hace más de cuatrocientos años, en el Libro de las Fundaciones:«Entre los pucheros anda el Señor».Entre los pucheros. Entre las bolsas de la compra. Ahí también.
El manto de bolsas de plástico para la Virgen del Pilar
La Virgen del Pilar estrena manto casi cada día; solo va sin él los días 2, 12 y 20 de cada mes, que son sus fechas grandes. Tiene más de 450 mantos (algunas fuentes ya hablan de cerca de 800). En 1577 ya tenía setenta y dos catalogados. Se los han regalado reyes, militares, países enteros y mujeres de barrio que se pasaron meses bordando por las noches. En 2018 yo le regalé uno. Uno de mis Giardinos, tejido con bolsas de plástico. Sigue guardado en el Pilar. Dos años después, el 1 de mayo de 2020, en plena pandemia, escribí un manifiesto al que llamé Residualismo. Dice algo muy sencillo: que se puede crear a partir de lo que sobra, que la pasión no depende del material, y que una bolsa de plástico, con amor, puede vestir a una Virgen. De ahí salió algo más: me senté con el Ayuntamiento de Zaragoza para proponer que la Ofrenda de Flores dejara de usar plástico, y se consiguió. Crear no se queda en la obra. Sigue andando.Lorca y el duende
Lorca dio en 1933 una conferencia que se llama Juego y teoría del duende. El duende es esa fuerza que te sale de muy adentro cuando cantas, bailas o pintas, y que a quien te mira le pone la piel de gallina. Lorca decía que hay que despertarlo «en las últimas habitaciones de la sangre», y que no aparece si no ve posibilidad de muerte. Yo lo traduzco así: crear de verdad siempre tiene algo de jugársela.Supraconciencia: qué dice Manuel Sans Segarra (y qué no está demostrado)
Si buscas ahora mismo «supraconciencia» en Google, te sale un nombre: Manuel Sans Segarra. Cirujano de aparato digestivo, con una carrera larga en el Hospital de Bellvitge, en Barcelona. Su primer libro, La Supraconciencia existe, escrito con el periodista Juan Carlos Cebrián, ha vendido más de 150.000 ejemplares. Después vinieron Ego y Supraconciencia y, este año, La Humanidad en crisis.¿Qué es la supraconciencia?
Durante años, Sans Segarra operó a pacientes que llegaban en muerte clínica: el corazón parado, sin respirar, el cerebro sin actividad en las pruebas. Algunos volvían y le contaban cosas. El túnel, la luz, su vida entera vista de golpe. Sus colegas le decían que eran alucinaciones y que no le diera más vueltas. Él se las dio. Y de ahí sale su idea. Tenemos una conciencia del cerebro, la que te deja pensar y hablar, y que se apaga cuando duermes o cuando te anestesian. Según él, hay otra por encima, que no depende del cerebro y sigue ahí cuando el cerebro se para. Las religiones la han llamado alma o espíritu. Él la llama supraconciencia. Lo que más me interesa para este post: para Sans Segarra, la creatividad es justo eso. Cuando pintas o escribes y no sabes de dónde te viene, estarías tocando esa parte. La obra de arte sería la supraconciencia del artista traducida a un lenguaje. Pintura, música, palabras. Plástico, en mi caso.Lo que sí y lo que no
Te lo digo con cariño y con honestidad, que es como hablamos en METAdamas. Sans Segarra presenta todo esto como demostrado por la ciencia y lo explica en parte con la física cuántica. La mayoría de los científicos no lo ven así. Que hay personas que vuelven de una parada y cuentan estas experiencias es real, está documentado y se estudia en serio. Que la conciencia siga viva sin el cuerpo, eso nadie lo ha podido demostrar todavía. Yo no sé si tiene razón. Tú tampoco. Él cita mucho a Max Planck, premio Nobel de Física, que en una entrevista de 1931 vino a decir que lo primero es la conciencia y la materia viene después. Créetelo o no. Pero piénsalo la próxima vez que algo te salga de las manos sin saber cómo.Dejamos la misa, pero seguimos buscando
Lo curioso es que todo esto pasa en un país que se declara cada vez menos religioso. Según Funcas, en 2025 solo el 55 % de los españoles se considera católico; a finales de los setenta era el 90 %. Pero entre los más jóvenes algo se mueve. En la encuesta del CIS de mayo de 2026, el 46,7 % de los jóvenes de 18 a 24 años se declaraba católico, y este año hemos visto a miles de chavales siguiendo al papa León XIV en su visita a España. ¿Moda o cambio de fondo? Mónica Cornejo, socióloga de la Complutense, cree que puede ser un repunte pasajero. El tiempo dirá. Lo que está claro es que seguimos buscando. Con misa o sin misa.El ego: los monstruos del grabado
Vuelve a los bichos de Goya. Si lo que crea es esa parte grande de ti, ¿qué son los búhos y los murciélagos? Para Sans Segarra, son el ego. Él lo llama el no yo: una identidad falsa que se fabrica desde fuera, pendiente siempre del qué dirán. ¿Gusto? ¿Me ven? Y que persigue lo de siempre: éxito, fama, dinero y poder, tirando de celos y de comparación. A ver, que levante la mano quien no haya abierto Instagram hoy para mirar cuántos corazones tenía. Yo la primera.«Hasta la muerte»: el ego no se jubila
Goya ya lo tenía visto. Los Caprichos son una galería de egos. Mi favorito para esto es el número 55, Hasta la muerte: una anciana sentada ante el espejo, poniéndose una cofia llena de lazos, arreglándose como una jovencita, mientras los que la miran se ríen por lo bajo. Cuando creas, el ego se cuela de una manera muy fina. Empiezas a hacer las cosas para que gusten, para que te las compren y te las aplaudan. Y la obra encoge. El filósofo Byung-Chul Han lo llama autoexplotación: ya no hace falta un jefe que nos apriete; nos apretamos solas y encima lo llamamos libertad.El asombro te hace pequeña (y mejor)
Entonces, ¿cómo se baja el volumen del ego? La ciencia tiene aquí algo precioso. El psicólogo Dacher Keltner, de la Universidad de Berkeley, lleva años estudiando el asombro: esa emoción que sientes delante de algo que te sobrepasa. Un cielo lleno de estrellas, una catedral, un cuadro, una persona que hace algo bueno sin que nadie la mire. En un estudio de 2017, su equipo pidió a turistas que se dibujaran a sí mismos. Los que estaban ante un paisaje inmenso se dibujaron más pequeños que los que estaban en un sitio turístico corriente. En otro de 2015, bastó con que la gente mirase un minuto unos árboles altísimos para que después ayudara más a otra persona y se mostrara menos «yo me lo merezco». El asombro te hace pequeña. Y al hacerte pequeña, te hace mejor. Eso, de toda la vida, se llama humildad, y los Salmos lo cuentan desde hace miles de años. La ciencia acaba de llegar. Así que contra el ego, menos latigazos y más asombro. Mira arriba. Ve a un museo sin el móvil. Entra en el Pilar un martes cualquiera y quédate quieta diez minutos. Y si te apetece más Goya, en el episodio sobre la alegría hablamos de El Quitasol, su cara más luminosaPráctica de cinco minutos antes de crear
Esto es lo que hago yo antes de ponerme a trabajar. Te sirve para pintar, para escribir, para cocinar o para preparar una reunión difícil. Crear es todo eso.- Siéntate cómoda, con los pies en el suelo y las manos sobre las piernas.
- Respira tres veces. Coge aire por la nariz y, cuando creas que ya no cabe más, otro poquito. Suéltalo muy despacio por la boca, como si apagaras una vela sin querer apagarla.
- Abre la atención durante medio minuto. Deja pasar lo que pase por tu cabeza, el ruido de la calle, la lista de la compra. No lo agarres. Míralo como quien mira pasar gente desde una terraza.
- Pon una intención. Tuya, sin fórmulas. Si crees, díselo a Dios, a la Virgen o a quien tú le hables. Si no crees, díselo a la vida. Algo como: «que esto que voy a hacer sirva para algo bueno». Eso también es rezar.
- Trabaja veinte minutos con el móvil en otra habitación. Si te bloqueas, haz lo de Edison: cierra los ojos un ratito con las llaves en la mano y, cuando se te caigan, apunta lo primero que tengas en la cabeza.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «El sueño de la razón produce monstruos»?
Que cuando la razón se duerme, aparecen la superstición, el miedo y la ignorancia. Pero el propio comentario de la época, conservado en el Prado, añade la otra mitad: la fantasía unida a la razón es madre de las artes. Hacen falta las dos.¿Dónde está «El sueño de la razón produce monstruos»?
Es un grabado, así que hay muchas estampas repartidas por museos de todo el mundo. El dibujo preparatorio, el que Goya pensó como portada, se conserva en el Museo del Prado.¿Por qué se me ocurren las mejores ideas antes de dormir?
Porque en la primera fase del sueño, el duermevela, el cerebro sigue algo despierto, pero suelta el control. Un estudio de 2021 del Instituto del Cerebro de París comprobó que quince segundos en esa fase casi triplicaban las posibilidades de encontrar una solución escondida.¿Qué es la supraconciencia?
Es el nombre que el cirujano Manuel Sans Segarra da a una conciencia que, según él, no depende del cerebro y sobrevive a la muerte. Las religiones la llaman alma. Es su hipótesis; la ciencia no la ha demostrado.Escucha el episodio y únete a las metadamas
Todo esto lo cuento con mi voz, con más calma y con alguna risa, en el episodio en Spotify «Por qué las mejores ideas te llegan justo antes de dormirte (y Goya ya lo sabía)» Lo tienes también en Apple Podcasts, iVoox y Amazon Music. Y ahora, lo que de verdad importa. Ya somos más de trescientas metadamas. Mujeres que, cada una desde su casa y desde su lío, buscan vivir con más sentido, más calma y más belleza. La forma más bonita de estar dentro es el correo de cada mañana: todos los días, a las ocho, te escribo algo corto para leer con el café. Una idea, un cuadro, una práctica. Apúntate al email diario dejando tu correo en el formulario. Diez segundos. Mañana a las ocho ya estoy contigo. En noviembre, por Todos los Santos, nos vamos al cementerio a hablar de la muerte y de lo que nos enseñan las tumbas sobre cómo vivir. Mientras tanto, cuéntame en Instagram: ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo y sentiste que no salía del todo de ti? Duerme un poco, sueña mucho y coge el lápiz.Fuentes
- Lacaux et al. (2021), «Sleep onset is a creative sweet spot», Science Advances
- Colzato et al. (2012), «Meditate to Create», Frontiers in Psychology
- Fundación Goya en Aragón: El sueño de la razón produce monstruos
- Fundación Goya en Aragón: Sueño 1º. Idioma universal
- Funcas: religiosidad en España (2025)
- El Observador: jóvenes católicos en el CIS de mayo de 2026
- Planeta: La Humanidad en crisis, de Manuel Sans Segarra
- Keltner sobre el asombro y el yo pequeño
